lunes, 24 de octubre de 2016
Después de pasar lo que sería, la peor semana de mi vida entre llanos, angustia, sin ganas de comer, sin ganas de ver a nadie, sin ganas de salir; entendí que al fin de cuentes "no era sano para nadie". Y lo pongo entrecomillas porque una cosa es decir que lo entiendo y otra cosa muy distinta es lo que siento.
Cuando las cosas se nos van de las manos en una relación, a veces intentamos entender el porqué. Siento que estoy en la fase angustia-duelo-culpa. Donde me angustio por todo lo que está pasando, hago el duelo de poder entender que por fin se terminó y la culpa de no haber sido lo suficientemente maduros (y lo pongo en plural porque él tampoco lo fue) de poder salvar la relación.
Salvarla de un precipicio, del vacío, de la rutina, salvarla de todo lo malo que se había enganchado entre nosotros dos. Salvarla de una muerte anunciada.
Las segundas oportunidades nunca se sabe si son bien oportunas. A veces caen en el momento justo para intentar demostrarnos que a pesar de todo queda un poco de amor. Cuando decidimos volver a intentarlo, yo supuse (por el tiempo que habíamos pasado separados) que esto iba a cambiar. Pero: crónica de una muerte anunciada. No cambió. Empeoró. Y el mantuvo una relación durante dos meses con alguien más. Si, Lucas era así. A veces bastante insensible.
De su relación me enteré seis meses después que terminamos, gracias a la chica que me mandó un mensaje por Facebook que había quedado como spam y nunca lo había abierto. Pero las redes sociales son tan buenas amigas a veces, que terminamos una relación de cinco años por Whatsapp.
La gloria es que nunca la terminamos por completo. Siempre quedó algo en el debe, y el siempre me volvía a escribir. Y yo también. Lo reconozco. Siempre vuelvo a el, a donde fui feliz, a donde supe amar de verdad (además de que ya aclaré que el fue mi todo).
Todo se puso bastante raro. Las llamadas y las conversaciones se volvían cada vez más intensas pero siempre con un "no te confundas", "solo quiero que seamos amigos con derechos". Mucho daño alrededor de sus palabras. Las relaciones son de a dos, eso es lo que me deja tranquila. Yo podré haber fallado en un montón de cosas y ahí viene la parte de la culpa, en no haberlo aceptado así y acompañado así, y en cambio dedicarme a querer cambiarlo, pero el también tuvo de lo suyo para que la relación se volviera tan monótona y aburrida.
Y ahora estoy acá, sentada en mi cuarto. Teniendo un montón de cosas por hacer, pero dedicándome a escribir esto que sería como una autobiografía. Tratando de hacer que se conecte el cerebro y el corazón. El cerebro que entiende de a poco que él está en un muy mal momento, que no sabe lo que quiere y que está des norteado. Y mi corazón que lo volvería a elegir una y mil veces más, sabiendo y reconociendo todo lo que pasó. Pero el lenguaje de las miradas es a veces el más profundo y el más expresivo. Y el me mira y yo no necesito más nada que eso, para saber que detrás de todo eso está el; en su esencia. El que conozco desde hace años, el que me enamoró por completo... El de siempre, el que siempre elegiría como el padre de mis ojos.
Tomar distancia, a veces también es crecer...
sábado, 22 de octubre de 2016
Te apreta el pecho. Sentis que te ahogas, que queres salir corriendo de cualquier lugar al que vayas. Que nada te queda cómodo, ni vos mismo. Que ya nada vuelve a ser como antes..
Cuando dije que me gusta amar desde la libertad, no quería darme cuenta que a veces se ama desde el recuerdo, desde los momentos donde fuimos felices. Dicen que decir adiós es crecer, pero a veces cuesta el doble.
Mucho dolor, mucho daño, engaño, frustración, discusiones, peleas, desacuerdos. Yo no aceptaba ni el 90 por ciento de las cosas que él hacía, yo lo fui separando de mí. Yo hice que él tomara distancia. El me mentía, me escondía, me engañó. Yo sin embargo lo volvería a elegir.
El tiene su pareja, el tiene su vida. El solo quiere que seamos amigos con derecho a roce. El me mira y es el, en su esencia, es del que me enamore cuando tenía 16 años. El me enloquece, me centra, me desestabiliza. El me escribe, yo le respondo. El está cada vez más lejos de mi. Yo estoy cada vez más cerca de él.
Siempre volvemos a los lugares que fuimos feliz. Te apreta el pecho. Sentis que te ahogas.
miércoles, 19 de octubre de 2016
Cuatro años y medio de novios. La primera vez que dije "si quiero", que dije te quiero, que abracé. La primera persona que me hizo mujer, que me enseño el camino de a dos, que me enamoró. Por el que me moría de celos si alguien lo miraba, el que me enseño apreciar la vida de a dos y con quien nunca tuve vergüenza.
Pero si tuve miedo, mucho miedo. Y negué, rechacé, reproché, lloré, pataleé, me encapriché, me enojé, discutí, terminamos. Terminamos y volvimos. Y volvimos y volví amar. Y volvimos y terminamos. Y me cagó. Dos meses enteros. Y me puteó, y me enojé y nos peleamos. Y tuvimos mil peleas telefónicas, mil "no te escribo más", mil "te vas a cagar" y te "podes matar".
Todos los caminos conducen a Roma, y yo me di cuenta que todo (absolutamente todo) me lleva a él. Hasta el aroma a un perfume, que sentí una vuelta sentada en el Banco de Seguros del Estado haciendo trámites para mi jefe.
Y es que tus amigas te retan, te dicen que con él no vuelvas porque "es mala persona". Que nunca te hizo bien "y no lo va hacer ahora". Qué no sabe lo que quiere, que no sabe lo que siente, que nunca "me trató bien". Pero... y lo que siento yo?. Solo nosotros dos sabemos qué sentíamos el uno por el otro.. A veces el orgullo no te deja gritar a los cuatro vientos que extraño que me apoye la cabeza en la espalda cuando duerme, el ruido del caño de escape de su camioneta cuando llegaba a casa, sus palabras, sus apodos, su forma de bromear, las idas a la feria, las escapadas a comer, el llanto desconsolado que acaba en su pecho; siempre en su pecho. Sus manos por mi pelo, su aroma fresco cuando salía de bañarse, su inquietud por siempre verse lindo y sus ganas de rayarse todo el cuerpo.
Me tatue un ancla y a los meses que terminamos el tenía uno en su mano. La vida nos separó y el hoy está en pareja.
Quizás en otro plano, quizás en otro momento la vida nos vuelva a encontrar. Mucho más maduros, mucho más centrados, mucho más nosotros. Una conocida me dijo "si la vida los quiere juntos, los va a volver a juntar".
Hoy. 19 de octubre de 2016. Salí del trabajo, todo parecía andar bien.. menos los nervios que me recorrían desde los dedos de los pies a la cabeza. El corazón me latía a varios minutos y la ducha me esperaba para intentar relajarme.
Me puse unos vaqueros anchos oscuros, unas botas de plataforma -si no arrastro los vaqueros- una remera de color beige con unas líneas negras y debajo combiné perfectamente mi ropa interior. Me hice un moño y me ate el cerquillo que estaba bastante revuelto por la lluvia del día, con unos ondulines. Me puse un poco de polvo color piel y me peine las pestañas con mi nueva máscara, que parecen igual de naturales que cuando no tienen nada.
Baje a su encuentro, el mismo ruido de su camioneta cortó el silencio que había en mi cuadra y cuando quise darme cuenta estaba cerrando la puerta del conductor. Vestia unos pantalones con calaberas, unas botas CAT beige y un buzo color marrón. Estaba flaco, estaba barbudo pero estaba lindo.
Mi cuarto nos encontró, con un montón de recuerdos pero con ganas de hacernos nosotros por primera vez después de ocho meses sin vernos. Y la distancia no duró un segundo, que poco después nos encontró acostados en mi cama, piel con piel.
Y no fue sexo como lo es a veces con otras personas, fue mirarnos a los ojos y comernos por completo. Fue amar. Amar verdaderamente, fue olvidarnos de todo, fue nosotros dos, entendiéndonos, amándonos, besándonos.. Fue tanto, que un vacío me llenó por completo. Y juro que sentí que a él le pasó lo mismo..
Fue la vida que nos volvió a encontrar.
viernes, 19 de agosto de 2016

Me gustan las cosas simples, aquellas que se pueden apreciar mediante alguno de nuestros sentidos. Pero me he dado cuenta que no hay nada más lindo que el atardecer.
El atardecer guarda un montón de recuerdos, de historias, de encuentros y de desencuentros. Guarda besos, abrazos, caricias. Guardan amor, odio, arrepentimiento, llanto. Porque a todos nos gusta sentarnos en el cordón de la vereda, en una montaña, en una playa, en la plaza o en donde sea; para capturar este momento..
Con el atardecer se van los sueños que tuvimos algún día, todo lo que vivimos, la rutina. Con el atardecer se van las ganas que tiene uno de que vuelva un nuevo día, pqara hacer cosas nuevas, para divertirnos, para amar, para besar.
Los momentos hacen la vida. Y con el paso del tiempo me di cuenta, que los momentos en donde no tenemos absolutamente nada; son los que más disfrutamos, los que hacen la vida.
domingo, 31 de julio de 2016
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"Entender que no sos para mí, me ha costado pero es así"..
Nunca mejor aplicada, dicha y cantada esta frase. ¿Cuándo nos damos cuenta que alguien no es para nosotros? ¿cuándo de tanto intentarlo, buscarlo, mirarlo, sigue ahí sin reaccionar?. O cuando le ponemos un punto final a algo que no existió, con tal de evitar cualquier tipo de interacción que pueda hacernos creer, pensar y afirmar, que quizás si nos arriesgáramos saldría bien. Y esta suposición ya es un tanto alocada, imaginada o soñada; porque estoy suponiendo que a la otra persona también se le pasa por la cabeza la idea de arriesgarse; lo cuál puede ser que no suceda.
Y es que siempre nos han dicho que teníamos que encontrar al príncipe azul y ya he dicho que no exista. Sólo podemos encontrar a quién te pone el mundo de cabeza, con tal solo mirarte a metros de distancia. Cuando la mirada es tan profunda y tan intensa, que logra estremecerte.
El problema está cuando esa persona no es la correcta, o cuando esa persona no es para nosotros. Quizás no lo es ahora o no lo será nunca. Pero a veces, esas sensaciones tan bonitas son difíciles de borrar o de sacarlas de la mente. Sentir que alguien te pone el mundo de cabeza, con tal solo un beso en el cachete, debe ser la sensación más bonita que existe. Porque te gusta así, tal cual es. Gordo o flaco, con barba o sin, y en cualquier ámbito de la vida...
Debe ser una de las cosas más dífíciles, decirle no a lo que uno siente. Pero cuando esa persona no es para nosotros, incluso a pesar de habernos arriesgado, entenderlo debe ser lo mejor.
Nunca mejor aplicada, dicha y cantada esta frase. ¿Cuándo nos damos cuenta que alguien no es para nosotros? ¿cuándo de tanto intentarlo, buscarlo, mirarlo, sigue ahí sin reaccionar?. O cuando le ponemos un punto final a algo que no existió, con tal de evitar cualquier tipo de interacción que pueda hacernos creer, pensar y afirmar, que quizás si nos arriesgáramos saldría bien. Y esta suposición ya es un tanto alocada, imaginada o soñada; porque estoy suponiendo que a la otra persona también se le pasa por la cabeza la idea de arriesgarse; lo cuál puede ser que no suceda.
Y es que siempre nos han dicho que teníamos que encontrar al príncipe azul y ya he dicho que no exista. Sólo podemos encontrar a quién te pone el mundo de cabeza, con tal solo mirarte a metros de distancia. Cuando la mirada es tan profunda y tan intensa, que logra estremecerte.
El problema está cuando esa persona no es la correcta, o cuando esa persona no es para nosotros. Quizás no lo es ahora o no lo será nunca. Pero a veces, esas sensaciones tan bonitas son difíciles de borrar o de sacarlas de la mente. Sentir que alguien te pone el mundo de cabeza, con tal solo un beso en el cachete, debe ser la sensación más bonita que existe. Porque te gusta así, tal cual es. Gordo o flaco, con barba o sin, y en cualquier ámbito de la vida...
Debe ser una de las cosas más dífíciles, decirle no a lo que uno siente. Pero cuando esa persona no es para nosotros, incluso a pesar de habernos arriesgado, entenderlo debe ser lo mejor.
domingo, 24 de julio de 2016
Y cuando te levantas por la mañana, te miras al espejo y te ves bonita y feliz; te das cuenta que es un logro de ti misma. Que nada ni nadie podrá cambiar.
Y a pesar de que a veces nos sentimos solos, y creemos que no existe el chico perfecto para nosotras; nos damos cuenta que alguien asi no existe.
Que simplemente debemos encontrar a quien logre hacernos estremecer sabiendo que nuestros rostros están muy juntos, quien nos provoque cosquillas en la panza con solo mirarlo y tengamos ganas de besarlo las 24 horas del día.
No es quien te diga cosas bonitas sólo cuando te produces, es quién te las diga cuando te levantas o por lo noche, cuando ya estás cansada y solo quieres dormir.
Es quien te atreviese con su mirada y te toque el corazón; a quien le brille los ojos con solo mirarte..
Y ahora sé y entiendo porque estoy sola.
Porque todavía no he encontrado a nadie, que me ponga el mundo de cabeza.
sábado, 25 de junio de 2016
Nunca vamos a entender lo que siente nuestro corazón. Ese órgano tan extraño que nos hace sentir cosas muy absurdas, alocadas, intensas, raras.
¿Cómo algo puede perdurar tantos años y esfumarse en tan sólo un instante? ¿Cómo los sentimientos pueden cambiar de la noche a la mañana?
Me desperté. En realidad NOS despertamos. Era una mañana bastante fría. El cielo estaba nublado y el día amenazaba con llover.. Que te despierten con unos buenos besos a la mañana, qué más lindo qué eso?.
Después de cambiarnos, me acompaño a tomarme el ómnibus. Caminábamos juntos, pero entre nosotros no había contacto físico.. Simplemente el saber que el otro estaba al lado, caminando el mismo camino o en la misma dirección ya era suficiente.
Desde la ventana le tiré un beso. Nunca me despido de nadie cuando me subo al ómnibus, pero esto fue diferente...
Quizás en una idea apresurada de que existiera una tercera noche en donde pudiéramos otra vez volver a sentir nuestros cuerpos unidos, le insinué mis ganas de tenerlo muchas noches más.. Y claro, quién iba a decir que una farse tan simple como "por muchas noches más", pudiera desatar este caos.
Caos porque se desordeno mi mente, porque me tengo que alejar de algo que me hace bien. Por que tengo que ponerle un punto final a algo que no quiero. Caos, porque dentro de todo lo lindo, también existía esta posibilidad. Caos, porque esto inconcluso, quedo definitivamente terminado..
Caos, porque me invaden mis ganas de llorar a chorros, porque quiero llorarme la vida, porque quiero gritarle que lo a m o . Que nadie había logrado que sintiera un vacío en el pecho que te aprieta. Caos porque hay que volverse a acostumbrar a una soledad, ahora más sola que nunca.
Y es un caos porque ninguno sabe que va a pasar con esto, si seremos capaces de hacer borrón y cuenta nueva de una historia que arrastramos desde el 2010 y que hoy, luego de cierto tiempo, podría tomar otro rumbo u otra dirección...
Es un caos alejarme de vos, despedirte, soltarte.
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