lunes, 3 de abril de 2017

A m o u r .

Hasta ahora, y desde chica, había entendido que la vida era una búsqueda constante de amor. Del amor duradero, el verdadero, el "para siempre", del amor que te sostiene y que te mantiene. Creía que todo giraba en torno al amor y lamentablemente, cuando pensaba en el amor, pensaba en una pareja y creía que sólo podíamos ser felices si teníamos a alguien al lado.

Después de muchos años de mantener mi teoría del "amor para siempre", enceguecida por un amor que no era para mí y que no era correspondido, voy empezando a entender muchas cosas de este juego tan extraño que es la vida. En un ida y vuelta constante,  entendí que no sólo todo lo que das en la vida vuelve; sino que si todo lo das con amor vuelve con amor. Y el amor, no sólo de una persona que puede acostarse a tu lado las veces que quieras; sino también del amor de los amigos, de la familia, de la gente que va rodeando a uno poco a poco.

A veces creía que no había nacido para estar sola, que si me encontraba sola me perdía y no lograba encajar en ningún lado. Que si estaba sola iba perdida por la vida, sin un rumbo. Y si, puede ser.. Quizás el estar con alguien a veces me centra un poco hacia dónde quiera ir. Pero hoy entendí que amar a alguien significa un montón de otras cosas, además de darle un beso. Hoy me encuentro quizás construyendo en mi interior una definición de amor que antes no estaba en mis plantes crear. No sé si una definición de amor, pero si un concepto de "querer" totalmente distinto al que tenía antes. Y no sólo hablo por querer estar con alguien, me refiero al hecho de querer con simples actos.

Hoy me encuentro entendiendo que la vida no pasa por un mensaje de "buenos noches", por un "estas linda" o por un "te amo", porque de nada sirve que nos digan todas esas cosas bonitas sin que de verdad las sientan. La vida no pasa por estar corriendo atrás de un amor que no nos corresponde, ni pasa por estar mendigando que alguien nos diga te quiero sin sentirlo. La vida es eso que pasa cuando tu sobrino cumple dos años y te lo dice, cuando te da un beso para querer comprarte o cuando te dice "titi". La vida es eso que pasa cuando ves a tu padre cumplir sus sueños, trabajando y siempre con constancia. Cuando tu hermana está cada vez más salada en lo que hace y con tanto amor. Cuando a tu familia le va bien, consigue objetivos, lucha por sus metas. Cuando tus amigos te demuestran constantemente que están al lado tuyo, sin importar las circunstancias, las situaciones o lo que fuere. La vida es eso que pasa  mientras algunos buscan desesperadamente un amor o alguien que los haga sentir mágicos y a uno le llega de repente, convertido en algo por descubrir...

martes, 27 de diciembre de 2016


Escribo, borro. Escribo, pienso y borro; pero al final siempre termino en lo mismo: escribo y mando. Y escribís y se te da por decir un montón de cosas que la madrugada y el insomnio te hacen sentir. Y después que pones "enviar" te cuestionas una y mil veces para qué mandaste ese mensaje, para qué dijiste eso, para qué lo sacaste afuera. Ahí empezas a cuestionarte. Realmente uno debe de decir todas las cosas que piensa o que siente, solo por el echo de que si se acumulan terminan matando o torturando a uno?. Es necesario a veces ser tan literal o tan expresivo?. No lo sabes, no encontras una respuesta para eso. A pesar de que lo pienses mil veces, lo que sentís termina siendo tan grande. tan intenso o tan explosivo que lo mandas. Y te gustaría meterte en la cabeza de la persona que lo recibe simplemente para saber si piensa un poquito igual a vos y si prefiere omitirlo, como deberías hacer, o si prefiere no decirlo para no confundir un poco más las cosas.
Que no se lo digas, no te regales. Que el ya lo sabe y no te dice nada. Que tenes que callarte la boca y dejar que te extrañe, que no tenes que estar tan presente, que no podes jugártela así por alguien que no te da la bola. No podes seguir diciéndole todo lo que sentís, si no es recíproco. Y así estamos. Vivimos en un mundo donde lo que opina un tercero termina siendo más importante que lo que siente uno. Que si nos dicen que no tenemos que escribirle, borramos eso que tenemos en la pantalla de su ventana de Whatsapp y esperamos... Y a veces podes esperar una eternidad porque sabes perfectamente que no te va a escribir. No sabes si es porque no quiere, si no le interesa, si no generas en él lo mismo que provoca en vos o simplemente porque sabe que vos tarde o temprano le vas a escribir. Estamos constantemente tirando y aflojando las relaciones, viendo hasta donde llega el otro para ver hasta donde llega uno. Tratando de decir lo que uno siente, pero siempre siendo cordial, distante, justo y conciso.
Sin muchas palabras lindas, sin muchas vueltas: un simple "me gustas" a veces se puede convertir en el mejor mensaje que le mandas a alguien o podes alegrarle el día solo un rato. Ser expresiva, sincera, transparente, no te hace ser más o menos pesada. Te puedo asegurar que si no es recíproco lo que vos sentis, vas a tener la tranquilidad de siempre haber sido honesta. De siempre haberle dicho todo lo que sentis, todo lo que te provoca. Porque no hay cosa más linda que sentir, que te abrace el sentimiento te envuelva y te saque de la realidad. Porque no hay cosa más linda que sentirse vivo.

jueves, 15 de diciembre de 2016


Me encontré con una crisis que jamás había tenido. Entre a la facultad sabiendo desde el día uno que quería ser periodista, que quería dedicarme al arte de escribir contándole a los lectores o a los espectadores sobre la realidad, sobre lo que sucedía diariamente en nuestro país.

Con el paso de los años, la competitividad del medio, quién es mejor que quién y que número llego a ser (siempre mejor que uno) me fui desmotivando. Me empecé a cuestionar si realmente ese era mi lugar en el mundo. Y si ese no lo era, entonces, ¿cuál era mi lugar?, ¿dónde estaba?.

Me di cuenta que había tirado un año a la basura, que una vez en la vida había perdido. Había tirado por la borda la oportunidad de demostrarme como periodista, la oportunidad de demostrar que soy competente para esta profesión. Que es lo que me gusta y que algún día quisiera trabajar de eso. Pero pase mis horas dentro de la sala de redacción demostrando poco interés, sin producir lo que de verdad había que producir, sin las ganas que te debían de nacer cuando sos realmente un periodista de alma. 

Calculo que una crisis vocacional podemos tener todos en algún momento de nuestras vidas, principalmente cuando terminamos las actividades curriculares y sabemos que dentro de algunos meses el ocio se va apoderar de nuestros días y no habrá más libros o fotocopias que leer, ni más trabajos que entregar, ni clases a las que asistir. 

La búsqueda de lo que queremos ser en la vida, de quién queremos ser en la vida, de a dónde queremos llegar. Si queremos cambiar realmente algo en el mundo. Y lo más complicado es poder entender que no somos una nota más, no somos un número más. Un número no define la capacidad que tiene una persona de poder hacer, producir o crear. No somos un número más entre tanta gente. Somos vos y yo, queriendo ser alguien en la vida, buscándonos, encontrándonos, decidiendo qué es lo que nos gustaría hacer.


martes, 6 de diciembre de 2016

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Borre y escribí dos veces el principio de esto, no se me ocurría ninguna forma bonita de empezarlo. Es que a veces escribir desde lo que nos pasa, no es bonito, ni agradable.

No quería un amor de novela ni quería repetir esos amores  de películas donde siempre acaban felices. No quería un amor de flores, ni regalos caros, ni aniversarios. No quería ponerle título a nada, realmente pienso que ponerle un nombre a las cosas las termina arruinando. No quería que me agarrara la mano mientras caminaba porque siempre creí que eso implicaba atar a la persona, aunque a veces quiero reconocer que a mi se me escapaba. No quería un amor público, un amor que necesitara mostrarse en las redes para saber que "existía". No quería usar la palabra amor para describir esto, prefería llamarle "algo" y dejar abierta la posibilidad de que exista amor...

Yo quería algo sencillo, que me abrazara cuando tuvieras ganas, que me besara cuando se le cantara. No quería cadenas, ni ataduras, ni decir cosas por compromiso o hacer cosas para quedar bien. Quería algo donde pudiera ser en toda mi esencia, donde no tuviera que crear una falsa expectativa de mí que luego se derrumbara. Algo donde no sintiera la presión de decepcionar  ni de lastimar a nadie, ni de fracasar.

Quería algo fuerte, algo diferente, que me marcara. Quería algo que sólo con mirarlo a los ojos supiera que existía. Algo que me haga temblar, que me mueva el eje de lugar. Que me hiciera llorar si era necesario para saber que estoy viva, y pucha, que a veces duele pero ¡qué lindo es estar vivo!. 

No quería una foto donde tuvieramos que aparentar ser felices, no quería demostraciones que no nacieran o frases trilladas que no eran necesarias decirlas. Quería probar cosas nuevas, quería caminar un millón de cuadras sintiendo que estaba ahí cerca y quería libertad. Quería momentos, un montón de momentos que me quería guardar para siempre, para poder recordarlo entero. Quería canciones, quería acordes, quería letras. 

Lo quería. A ese algo, obvio. Pero por el simple hecho de que cuando encontramos un lugar en el mundo donde podemos ser nosotros, nos sentimos plenos. Nada falta porque nada necesitamos para estar bien que la sola presencia y el estar en el mismo lugar y en el mismo momento, para compartir, disfrutar, hablar, contar y estar en confianza; reír hasta que duela la panza. 

No hay apariencias, no hay promesas de amor, no hay un para siempre. Hay un ahora que se lleva consigo un montón de risas en el camino, besos inesperados o algunos pensados y hasta provocados. Se lleva consigo recuerdos que me guardo y atesoro, porque no hay nada más lindo que no soltar lo que nos hizo bien. Hay un ahora que queda inquieto, insensible, inestable. Que queda a la espera de la vida, de lo que vendrá.

"Quizá no vuelva a verlo, pero el recuerdo es mío y me lo guardo y lo atesoro. Porque con él me descubrí. No es fácil la duda, no es fácil la intriga, no es fácil asumir ante el mundo que pase lo que pase aquel amor no morirá jamás".

Quería algo...

lunes, 24 de octubre de 2016


Después de pasar lo que sería, la peor semana de mi vida entre llanos, angustia, sin ganas de comer, sin ganas de ver a nadie, sin ganas de salir; entendí que al fin de cuentes "no era sano para nadie". Y lo pongo entrecomillas porque una cosa es decir que lo entiendo y otra cosa muy distinta es lo que siento.
Cuando las cosas se nos van de las manos en una relación, a veces intentamos entender el porqué. Siento que estoy en la fase angustia-duelo-culpa. Donde me angustio por todo lo que está pasando, hago el duelo de poder entender que por fin se terminó y la culpa de no haber sido lo suficientemente maduros (y lo pongo en plural porque él tampoco lo fue) de poder salvar la relación.
Salvarla de un precipicio, del vacío, de la rutina, salvarla de todo lo malo que se había enganchado entre nosotros dos. Salvarla de una muerte anunciada.

Las segundas oportunidades nunca se sabe si son bien oportunas. A veces caen en el momento justo para intentar demostrarnos que a pesar de todo queda un poco de amor. Cuando decidimos volver a intentarlo, yo supuse (por el tiempo que habíamos pasado separados) que esto iba a cambiar. Pero: crónica de una muerte anunciada. No cambió. Empeoró. Y el mantuvo una relación durante dos meses con alguien más. Si, Lucas era así. A veces bastante insensible.
De su relación me enteré seis meses después que terminamos, gracias a la chica que me mandó un mensaje por Facebook que había quedado como spam y nunca lo había abierto. Pero las redes sociales son tan buenas amigas a veces, que terminamos una relación de cinco años por Whatsapp.
La gloria es que nunca la terminamos por completo. Siempre quedó algo en el debe, y el siempre me volvía a escribir. Y yo también. Lo reconozco. Siempre vuelvo a el, a donde fui feliz, a donde supe amar de verdad (además de que ya aclaré que el fue mi todo).

Todo se puso bastante raro. Las llamadas y las conversaciones se volvían cada vez más intensas pero siempre con un "no te confundas", "solo quiero que seamos amigos con derechos". Mucho daño alrededor de sus palabras. Las relaciones son de a dos, eso es lo que me deja tranquila. Yo podré haber fallado en un montón de cosas y ahí viene la parte de la culpa, en no haberlo aceptado así y acompañado así, y en cambio dedicarme a querer cambiarlo, pero el también tuvo de lo suyo para que la relación se volviera tan monótona y aburrida.

Y ahora estoy acá, sentada en mi cuarto. Teniendo un montón de cosas por hacer, pero dedicándome a escribir esto que sería como una autobiografía. Tratando de hacer que se conecte el cerebro y el corazón. El cerebro que entiende de a poco que él está en un muy mal momento, que no sabe lo que quiere y que está des norteado. Y mi corazón que lo volvería a elegir una y mil veces más, sabiendo y reconociendo todo lo que pasó. Pero el lenguaje de las miradas es a veces el más profundo y el más expresivo. Y el me mira y yo no necesito más nada que eso, para saber que detrás de todo eso está el; en su esencia. El que conozco desde hace años, el que me enamoró por completo... El de siempre, el que siempre elegiría como el padre de mis ojos.

Tomar distancia, a veces también es crecer...

sábado, 22 de octubre de 2016


Te apreta el pecho. Sentis que te ahogas, que queres salir corriendo de cualquier lugar al que vayas. Que nada te queda cómodo, ni vos mismo. Que ya nada vuelve a ser como antes..

Cuando dije que me gusta amar desde la libertad, no quería darme cuenta que a veces se ama desde el recuerdo, desde los momentos donde fuimos felices. Dicen que decir adiós es crecer, pero a veces cuesta el doble. 

Mucho dolor, mucho daño, engaño, frustración, discusiones, peleas, desacuerdos. Yo no aceptaba ni el 90 por ciento de las cosas que él hacía, yo lo fui separando de mí. Yo hice que él tomara distancia. El me mentía, me escondía, me engañó. Yo sin embargo lo volvería a elegir.

El tiene su pareja, el tiene su vida. El solo quiere que seamos amigos con derecho a roce. El me mira y es el, en su esencia, es del que me enamore cuando tenía 16 años. El me enloquece, me centra, me desestabiliza. El me escribe, yo le respondo. El está cada vez más lejos de mi. Yo estoy cada vez más cerca de él.

Siempre volvemos a los lugares que fuimos feliz. Te apreta el pecho. Sentis que te ahogas. 

miércoles, 19 de octubre de 2016


Cuatro años y medio de novios. La primera vez que dije "si quiero", que dije te quiero, que abracé. La primera persona que me hizo mujer, que me enseño el camino de a dos, que me enamoró. Por el que me moría de celos si alguien lo miraba, el que me enseño apreciar la vida de a dos y con quien nunca tuve vergüenza.

Pero si tuve miedo, mucho miedo. Y negué, rechacé, reproché, lloré, pataleé, me encapriché, me enojé,  discutí, terminamos. Terminamos y volvimos. Y volvimos y volví amar. Y volvimos y terminamos. Y me cagó. Dos meses enteros.  Y me puteó, y me enojé y nos peleamos. Y tuvimos mil peleas telefónicas, mil "no te escribo más", mil "te vas a cagar" y te "podes matar".

Todos los caminos conducen a Roma, y yo me di cuenta que todo (absolutamente todo) me lleva a él. Hasta el aroma a un perfume, que sentí una vuelta sentada en el Banco de Seguros del Estado haciendo trámites para mi jefe.

Y es que tus amigas te retan, te dicen que con él no vuelvas porque "es mala persona". Que nunca te hizo bien "y no lo va hacer ahora". Qué no sabe lo que quiere, que no sabe lo que siente, que nunca "me trató bien". Pero... y lo que siento yo?. Solo nosotros dos sabemos qué sentíamos el uno por el otro.. A veces el orgullo no te deja gritar a los cuatro vientos que extraño que me apoye la cabeza en la espalda cuando duerme, el ruido del caño de escape de su camioneta cuando llegaba a casa, sus palabras, sus apodos, su forma de bromear, las idas a la feria, las escapadas a comer, el llanto desconsolado que acaba en su pecho; siempre en su pecho. Sus manos por mi pelo, su aroma fresco cuando salía de bañarse, su inquietud por siempre verse lindo y sus ganas de rayarse todo el cuerpo.
Me tatue un ancla y a los meses que terminamos el tenía uno en su mano. La vida nos separó y el hoy está en pareja.

Quizás en otro plano, quizás en otro momento la vida nos vuelva a encontrar. Mucho más maduros, mucho más centrados, mucho más nosotros. Una conocida me dijo "si la vida los quiere juntos, los va a volver a juntar".

Hoy. 19 de octubre de 2016. Salí del trabajo, todo parecía andar bien.. menos los nervios que me recorrían desde los dedos de los pies a la cabeza. El corazón me latía a varios minutos y la ducha me esperaba para intentar relajarme.

Me puse unos vaqueros anchos oscuros, unas botas de plataforma -si no arrastro los vaqueros- una remera de color beige con unas líneas negras y debajo combiné perfectamente mi ropa interior. Me hice un moño y me ate el cerquillo que estaba bastante revuelto por la lluvia del día, con unos ondulines. Me puse un poco de polvo color piel y me peine las pestañas con mi nueva máscara, que parecen igual de naturales que cuando no tienen nada.

Baje a su encuentro, el mismo ruido de su camioneta cortó el silencio que había en mi cuadra y cuando quise darme cuenta estaba cerrando la puerta del conductor. Vestia unos pantalones con calaberas, unas botas CAT beige y un buzo color marrón. Estaba flaco, estaba barbudo pero estaba lindo.

Mi cuarto nos encontró, con un montón de recuerdos pero con ganas de hacernos nosotros por primera vez después de ocho meses sin vernos. Y la distancia no duró un segundo, que poco después nos encontró acostados en mi cama, piel con piel.

Y no fue sexo como lo es a veces con otras personas, fue mirarnos a los ojos y comernos por completo. Fue amar. Amar verdaderamente, fue olvidarnos de todo, fue nosotros dos, entendiéndonos, amándonos, besándonos.. Fue tanto, que un vacío me llenó por completo. Y juro que sentí que a él le pasó lo mismo..

Fue la vida que nos volvió a encontrar.