martes, 27 de diciembre de 2016


Escribo, borro. Escribo, pienso y borro; pero al final siempre termino en lo mismo: escribo y mando. Y escribís y se te da por decir un montón de cosas que la madrugada y el insomnio te hacen sentir. Y después que pones "enviar" te cuestionas una y mil veces para qué mandaste ese mensaje, para qué dijiste eso, para qué lo sacaste afuera. Ahí empezas a cuestionarte. Realmente uno debe de decir todas las cosas que piensa o que siente, solo por el echo de que si se acumulan terminan matando o torturando a uno?. Es necesario a veces ser tan literal o tan expresivo?. No lo sabes, no encontras una respuesta para eso. A pesar de que lo pienses mil veces, lo que sentís termina siendo tan grande. tan intenso o tan explosivo que lo mandas. Y te gustaría meterte en la cabeza de la persona que lo recibe simplemente para saber si piensa un poquito igual a vos y si prefiere omitirlo, como deberías hacer, o si prefiere no decirlo para no confundir un poco más las cosas.
Que no se lo digas, no te regales. Que el ya lo sabe y no te dice nada. Que tenes que callarte la boca y dejar que te extrañe, que no tenes que estar tan presente, que no podes jugártela así por alguien que no te da la bola. No podes seguir diciéndole todo lo que sentís, si no es recíproco. Y así estamos. Vivimos en un mundo donde lo que opina un tercero termina siendo más importante que lo que siente uno. Que si nos dicen que no tenemos que escribirle, borramos eso que tenemos en la pantalla de su ventana de Whatsapp y esperamos... Y a veces podes esperar una eternidad porque sabes perfectamente que no te va a escribir. No sabes si es porque no quiere, si no le interesa, si no generas en él lo mismo que provoca en vos o simplemente porque sabe que vos tarde o temprano le vas a escribir. Estamos constantemente tirando y aflojando las relaciones, viendo hasta donde llega el otro para ver hasta donde llega uno. Tratando de decir lo que uno siente, pero siempre siendo cordial, distante, justo y conciso.
Sin muchas palabras lindas, sin muchas vueltas: un simple "me gustas" a veces se puede convertir en el mejor mensaje que le mandas a alguien o podes alegrarle el día solo un rato. Ser expresiva, sincera, transparente, no te hace ser más o menos pesada. Te puedo asegurar que si no es recíproco lo que vos sentis, vas a tener la tranquilidad de siempre haber sido honesta. De siempre haberle dicho todo lo que sentis, todo lo que te provoca. Porque no hay cosa más linda que sentir, que te abrace el sentimiento te envuelva y te saque de la realidad. Porque no hay cosa más linda que sentirse vivo.

jueves, 15 de diciembre de 2016


Me encontré con una crisis que jamás había tenido. Entre a la facultad sabiendo desde el día uno que quería ser periodista, que quería dedicarme al arte de escribir contándole a los lectores o a los espectadores sobre la realidad, sobre lo que sucedía diariamente en nuestro país.

Con el paso de los años, la competitividad del medio, quién es mejor que quién y que número llego a ser (siempre mejor que uno) me fui desmotivando. Me empecé a cuestionar si realmente ese era mi lugar en el mundo. Y si ese no lo era, entonces, ¿cuál era mi lugar?, ¿dónde estaba?.

Me di cuenta que había tirado un año a la basura, que una vez en la vida había perdido. Había tirado por la borda la oportunidad de demostrarme como periodista, la oportunidad de demostrar que soy competente para esta profesión. Que es lo que me gusta y que algún día quisiera trabajar de eso. Pero pase mis horas dentro de la sala de redacción demostrando poco interés, sin producir lo que de verdad había que producir, sin las ganas que te debían de nacer cuando sos realmente un periodista de alma. 

Calculo que una crisis vocacional podemos tener todos en algún momento de nuestras vidas, principalmente cuando terminamos las actividades curriculares y sabemos que dentro de algunos meses el ocio se va apoderar de nuestros días y no habrá más libros o fotocopias que leer, ni más trabajos que entregar, ni clases a las que asistir. 

La búsqueda de lo que queremos ser en la vida, de quién queremos ser en la vida, de a dónde queremos llegar. Si queremos cambiar realmente algo en el mundo. Y lo más complicado es poder entender que no somos una nota más, no somos un número más. Un número no define la capacidad que tiene una persona de poder hacer, producir o crear. No somos un número más entre tanta gente. Somos vos y yo, queriendo ser alguien en la vida, buscándonos, encontrándonos, decidiendo qué es lo que nos gustaría hacer.


martes, 6 de diciembre de 2016

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Borre y escribí dos veces el principio de esto, no se me ocurría ninguna forma bonita de empezarlo. Es que a veces escribir desde lo que nos pasa, no es bonito, ni agradable.

No quería un amor de novela ni quería repetir esos amores  de películas donde siempre acaban felices. No quería un amor de flores, ni regalos caros, ni aniversarios. No quería ponerle título a nada, realmente pienso que ponerle un nombre a las cosas las termina arruinando. No quería que me agarrara la mano mientras caminaba porque siempre creí que eso implicaba atar a la persona, aunque a veces quiero reconocer que a mi se me escapaba. No quería un amor público, un amor que necesitara mostrarse en las redes para saber que "existía". No quería usar la palabra amor para describir esto, prefería llamarle "algo" y dejar abierta la posibilidad de que exista amor...

Yo quería algo sencillo, que me abrazara cuando tuvieras ganas, que me besara cuando se le cantara. No quería cadenas, ni ataduras, ni decir cosas por compromiso o hacer cosas para quedar bien. Quería algo donde pudiera ser en toda mi esencia, donde no tuviera que crear una falsa expectativa de mí que luego se derrumbara. Algo donde no sintiera la presión de decepcionar  ni de lastimar a nadie, ni de fracasar.

Quería algo fuerte, algo diferente, que me marcara. Quería algo que sólo con mirarlo a los ojos supiera que existía. Algo que me haga temblar, que me mueva el eje de lugar. Que me hiciera llorar si era necesario para saber que estoy viva, y pucha, que a veces duele pero ¡qué lindo es estar vivo!. 

No quería una foto donde tuvieramos que aparentar ser felices, no quería demostraciones que no nacieran o frases trilladas que no eran necesarias decirlas. Quería probar cosas nuevas, quería caminar un millón de cuadras sintiendo que estaba ahí cerca y quería libertad. Quería momentos, un montón de momentos que me quería guardar para siempre, para poder recordarlo entero. Quería canciones, quería acordes, quería letras. 

Lo quería. A ese algo, obvio. Pero por el simple hecho de que cuando encontramos un lugar en el mundo donde podemos ser nosotros, nos sentimos plenos. Nada falta porque nada necesitamos para estar bien que la sola presencia y el estar en el mismo lugar y en el mismo momento, para compartir, disfrutar, hablar, contar y estar en confianza; reír hasta que duela la panza. 

No hay apariencias, no hay promesas de amor, no hay un para siempre. Hay un ahora que se lleva consigo un montón de risas en el camino, besos inesperados o algunos pensados y hasta provocados. Se lleva consigo recuerdos que me guardo y atesoro, porque no hay nada más lindo que no soltar lo que nos hizo bien. Hay un ahora que queda inquieto, insensible, inestable. Que queda a la espera de la vida, de lo que vendrá.

"Quizá no vuelva a verlo, pero el recuerdo es mío y me lo guardo y lo atesoro. Porque con él me descubrí. No es fácil la duda, no es fácil la intriga, no es fácil asumir ante el mundo que pase lo que pase aquel amor no morirá jamás".

Quería algo...